¡Vamos todos a matar gente!

¡Vamos todos a matar gente! (12,04,1996)
por José Manuel Goig Campoy

Los corbatados están tranquilos en sus casitas
Mientras ordenan y mandan a sus armadas
¡Ahora tiran una bomba bien bonita!
¡Pero oh pena! Sólo mueren cuatro anticamaradas
No importa porque avanza el ejército contrario
Para asesinar hogar por hogar
Y a las mujeres violar y violar
¡Qué gran juerga la de matar y matar!
El soldado sale por la CNN usual
Y dice: “¿me ves mamá?
Ahora mismo me he cargado a diez más”
Y en ese momento cae con herida mortal
La cámarta lo captó ¡Qué sensacional!
Todos lo verán al sentarse a cenar
Pero ni siquiera les hace vomitar
Porque ver morir es de lo más normal
¡Y todos quieren aprender a aniquilar!
Por eso en otra parte de este mundo genial
Otros corbatados deciden crear una guerra más
Para ser también otra atracción mundial;
Contratan a los vendedores de armas habituales
Y filtran historias de varios odios coloquiales
Para justificar ante los ansiosos televidentes
Que este nuevo conflicto es todo menos evitable
No sea que haya algún memo con ideas de paz urgente
Que intente pifiarles tal negocio próspero y boyante
Y dicen: ¡Venga! ¡Vayamos todos a matar gente!

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Sin raíces ni memorias

Sin raíces ni memorias (12,04,1998)
por José Manuel Goig Campoy

A la calle en la que he vivido
Durante dieciséis largos y cortos años
Nunca la he podido lamar “mi calle”,
Nunca acerté a escuchar su rugido
Su rostro aún hoy es para mí extraño
Como si su paisaje me fuera indescifrable

No sé quién es quien con cubo y fregona
Hace brillar el portal de enfrente
Ni me doy cuenta del pasar de las señoras
Que con sus carritos van a la compra indolentes

No sé por qué cerró la tienda de la esquina
Ni por qué abre la otra con rutina
Ni tengo ni idea de los que van a los múltiples bares
Que a mi entender parecen los negocios más rentables

No conozco a las chicas que venden pan
Cada amanecer en la panadería de este bloque
Ni a las que por un salario mínimo de verdad
Atienden las cajas de los súpers a todo trote

Es como si nunca hubiera vivido aquí
Ni hubiese fotografiado sus grises edificios
Que son vendidos con toda clase de artificios
A personas con meras ganas de subsistir

Y si la camino de arriba abajo
Nunca veo caras conocidas a quienes saludar
No sé quién trabaja o está en paro
Ni si los coches se paran o se marchan más allá

No conozco sus mañanas
Ni conozco sus tardes
No entiendo sus andanzas
O si incluso es afable
Sólo sé que nunca, nunca
La he podido llamar “mi calle”.

Herramientas y objetos de fibra de vídrio

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Herramientas y objetos de fibra de vídrio (02,05,1998)
por José Manuel Goig Campoy

El amor no existe ahí fuera
Cada uno se aguanta con lo que encuentra
E intenta esquivar las tormentas
Que van y vienen como las mareas,
Tratando de soportar las consecuencias

Por eso en las ciudades millonarias de gente
Los que abundan son los seres solitarios
Ya hartos de sus tropiezos y desengaños
Ya hartos de su maldita y odiada suerte
Que los convirtió en espectros toscos y huraños
En sombras con lágrimas negras de muerte

Y esos altos edificios que levantaron
Para ser rellenados como caramelos
Se ríen de sus ocupantes amargados
Que caminan con cara de zombis sin cerebro,
Sus pies son movidos por la esencia del dinero
Que los clasifica: tú segundo y yo primero

Luego en la noche sin estrellas
A la luz de la plata contaminada
Casi todos se giran y se desesperan
Sin poder dormir en sus camas minadas
Toman pastillas y se les revuelve la cena

En la mañana sus ojos tienen revestimientos grises
Del color del asfalto que les acompaña
Junto a los cláxones, humos de ruídos increíbles
Síntomas que les revientan las entrañas,
Hace ya mucho que explotaron todos sus fusibles
Ya nadie se pregunta ni se extraña

Y en las tardes se encienden los árboles de luces
Metálicos como el sabor a sangre
Por sus venas recorre el dictamen de los cruces
Eléctricos que iluminan el hambre
Que los hace desconocidos viajantes del buque,
Ciudad con destino a ninguna parte.