Capítulo treintaytrés, por poner un número arbitrario, en el que se habla de las grutas subterráneas inventadas

Capítulo treintaytrés, por poner un número arbitrario, en el que se habla de las grutas subterráneas inventadas

Los touroperadores que me disculpen, pero no uso el avión para viajar de ciudad en ciudad. Prefiero el sistema de grutas subterráneas que conecta todos los lugares del mundo. Es mucho más sencillo, rápido y se conoce a gente muy interesante.

En realidad, es rápido si lo definimos dentro del tiempo del exterior, sin embargo, estas grutas tienen su propio tiempo. Se pueden vivir las más emocionantes aventuras en su interior que pueden durar años. Cuando se acaban, sales al exterior en tu destino como si nada. Recuerdo una vez que viajé en dirección Johanesburgo y me encontré con la reina de Inglaterra que iba en la misma ruta. Puesto que en estos viajes se puede ser uno mismo, qué descanso, la verdad, ella iba transformada en su verdadera forma, como una joven reptiliana. Ya lo habían dicho los Sexpistols: “dios salve a la reina porque no es un ser humano”, pero como iban de pirados nadie se los creyó. Pues en eso que me la encontré y la saludé, ella, muy amable, me devolvió el saludo, y, como íbamos en la misma dirección, creo que ya lo había dicho antes, se ofreció para continuar juntos. Oh, qué inteligente es esta dama. Me contó cómo tenía a su país a sus pies, y cómo sus lacayos comían de su mano. Eso es fantástico le repliqué, tendría que hacer una presentación en el grupo bilderberg y explicar sus trucos, pues una sabiduría como esa no puede quedar en el secreto. Ella me dijo que sí, que era una buena idea. Me ofreció unos ratones para merendar, pero decliné su ofrecimiento porque ya había comido hacía poco. Sí, ya sé, eran unos ratones jugosos y de la mejor especie, pero el bebé humano que me había zampado me había llenado por una semana. Comentamos los últimos hechos en Orión y las Pléyades, y cómo algunos disidentes de la Confederación de Planetas estaban ayudando a los molestos humanos. Qué gracia, que haya quienes dentro de la Confederación estén convencidos que esos patéticos humanos puedan entender la quinta dimensión. Es imposible, porque cuando los creamos ya nos encargamos de manipular su ADN y bloquear su glándula pineal. Me dijo que eso era muy cierto, pues sus mentes sólo funcionan con creencias y su visceralidad los convertían en perfecto ganado manejado por nosotros sin que pudieran intuirlo. ¡Nos echamos unas risas! Me contó como ejemplo su nombre: Elizabeth, es decir, E-Liza(rd)-Beth, o la lagarto Beth; un nombre que había elegido ella misma para reirse en la cara de esos seres que se creen inteligentes pero que son incapaces de notar ninguna realidad a la vista. Incluso ella, de vez en cuando, y delante de las cámaras de televisión se dedicaba a cambiar la forma de las pupilas de sus ojos, ¡y nadie se percataba! Ya te digo, esta jauría de subseres sólo se merecen una existencia de sufrimientos y el desconocimiento de la vida eterna. ¡Imagina que sólo conocen tres dimensiones! Ni siquiera por el tiempo pueden moverse. También me contó Eli que estaban a punto de conseguir todo el oro del planeta, cosa que nos serviría para mejorar nuestro tratado con los Anunnaki. Estos cabezones continúan emperrados en dar vueltas por el sistema solar con su planeta Nibiru y siguen necesitando el oro para proteger su atmósfera. En fin, que en unos pocos años terrestres van a volver por aquí, y estemos preparados para un nuevo tratado. En éste, también trataremos sobre la posesión de los grises, no creo que les cueste mucho compartir a sus amigables esclavos con nosotros. Jejeje, ya digo, que estos paseos por las grutas subterráneas que unen todos los lugares de la Tierra son los sitios más geniales para mantener deliciosas conversaciones.

Ya estábamos llegando a su destino y nos deseamos buenos deseos, seguro que volveríamos a encontrarnos de nuevo.

En realidad mi destino era la base de Schwabenlandia, en la Antártida. Allí visitaré a unos amigos que son nada más ni nada menos que los vigilantes de la entrada a la Tierra Hueca. Un puesto importante donde los haya, porque hay una cosa que está claro que no podemos perimitir al ganado humano: que descubran a sus primos cercanos del interior de la Tierra. Bueno, ésa es otra historia que queda para otro agradable viaje por las grutas subterráneas.

(Nota: Éste es un capítulo original de mi próximo libro, que será un libro realmente extraño. Próximamente en las pantallas de todo el mundo – literalmente.)

Un cuento sobre un dragón y el Sant Jordi

Éste es el cuento que esta pasada noche le conté a mi hijo Álex, de cinco años, antes de irse a dormir. Y dice así, tal como se lo conté, según la transcripción casi exacta de la grabación que realicé:

Había una vez un pueblo, que como todo pueblo de cuento, tenía un castillo en el que vivía un rey, una reina  y una princesa. Y el pueblo vivía muy tranquilo y contento, trabajando como esclavos para el rey y la reina, y para que la princesa pudiera tener todos los lujos que pudieran haber en el mundo. Y estaban realmente esclavizados, y  tenían que pagar impuestos muy altos para que toda la corte viviera de fábula, como en cualquier cuento.

Entonces, un día, apareció en el cielo de lejos… lo que vieron fue humo que se acercaba. Dijeron, “¿es una nube? pero si no hay nubes en el cielo.” Y entonces esa nube se fue acercando, acercando, haciendo más grande, más grande… y hasta que vieron que detrás de la nube se convertía en una cosa verde porque esa nube era el fuego que echaba un dragón al volar.

Y todo el mundo se asustó: “¡Aahhhhhh!“.  Y mientras el dragón se acercaba, el dragón dijo: “No, no os asustéis. Vengo a salvaros de ese malvado rey que os está esclavizando.” Pero claro, todo el mundo siempre tenía miedo de un dragón, así que todos corriendo: “¡Aahhhhhh! ¡Aahhhhhh! Aahhhhhh!” Y todos los del pueblo se escondieron en el castillo.

Entonces el dragón llegó a la puerta del castillo y dijo: “Hooola.”

Y preguntaron: “¿Quién es?

Soy un dragón.

¿Y qué quieres?

Vengo a liberar al pueblo del malvado rey.

Y dicen: “No, lo sentimos. Queremos mucho a nuestro rey porque nos esclaviza muy bien.

¿Pero no veis que estáis trabajando para que unos pocos vivan de todo el esfuerzo que vosotros hacéis?

No importa. Tenemos un buen canal de televisión y nos gusta cómo nos lava el cerebro.

Pero, ¡esto no puede ser! ¡Hay que hacer algo!

Entonces, allí en la parte alta de la torre más alta estaba la habitación de la princesa, y la princesa estaba mirando abajo toda esta conversación.

El dragón miró hacia arriba y dijo: “Pues vale, ¡me secuestraré a vuestra princesa y ya no la veréis nunca más!” Y entonces movió sus grandes alas, las aleteó, y empezó a volar hacia la habitación de la princesa.

La princesa: “¡Aahhhhhh! ¡Aahhhhhh!” Del susto se quedó inmovilizada justo el tiempo suficiente para que el dragón con una de sus grandes garras la cogiera por la ventana y se la llevó muy lejos: chup chup chup chup chup chup chup (ruído de las alas) volando.

Entonces los dos reyes: “¡No! ‘No! ¡Se ha llevado a nuestra dulce princesa!

Y  todo el pueblo: “¡No! ¡No! ¡Se ha llevado a la hija de nuestro soberano y señor!

Y entonces el rey dijo: “Tengo que mirar el manual de los reyes para ver qué poder hacer en estos casos en un cuento como éste.” Entonces fue a la biblioteca y abrió “Manual para reyes para casos de cuentos“, y buscó en la “D” de dragón, dragón, dragón, dragón, y encontró “Dragón: Si el dragón destruye tu cobertizo. Si el dragón te roba el tesoro. Si el dragón secuestra a la princesa.” “¡Ah, aquí! A ver, a ver… Si el dragón secuestra a la princesa del pueblo, lo que hay que hacer es llamar al caballero Sant Jordi. Su número de teléfono es el cinco-cinco-cinco-seis-seis-seis-cinco-cinco-seis.

Entonces rápidamente, el rey cogió el teléfono y llamó: “Cinco-cinco-cinco-seis-seis-seis-cinco-cinco-seis.”

Y por el otro lado del teléfono se escuchó: “¿Sí? ¿Hola?

Sí, ¿es usted Sant jordi?

Sí, sí, soy yo, ¿pasa algo?

Bueno, pues aquí tenemos un dragón que nos ha secuestrado la princesa.

Eh… bueno… pues… sí… yo me encargo de esas cosas.

¿Entonces podría venir a… a rescatarla?

Dice, “Bueno, espere un momento que mire mi agenda. A ver, mire, yo tengo hasta el viernes, y hoy estamos a lunes, hasta el viernes estoy ocupado en seis pueblos diferentes para rescatar a otras princesas… eh… ¿le va bien el viernes a las diez y media de la mañana?

Sí, bueno, pero que… va a pasar toda la semana secuestrada.

Oiga, ¿qué quiere qué haga? Hay muchas princesas secuestradas por muchos dragones. Yo tengo que hacer mi negocio.

Y dice: “Bueno… vale.

Y por cierto, tenemos que hablar del precio. Esto no le va a salir gratis a usted.

Vale, vale, ¿qué precio?

Sí, mire, yo me conformo con una décima parte de todo su tesoro de oro.

¡Eso es mucho dinero!

Oiga, oiga, ¿usted quiere que le rescate a la princesa o no? Porque si no me paga eso ¿sabe qué? Va a irse, va usted a ir con su ejército al castillo del dragón y la va a rescatar usted mismo.

Y entonces el rey dijo: “Vale, vale, eso me saldrá más barato, le contrato. Venga, el viernes a las diez y media aquí en el castillo.

Muy bien, vale, lo he apuntado. Encantado de hacer negocios con usted. Hasta el viernes.”

Hasta el viernes.

Así que pasó una semana. Pasó el martes, pasó el miércoles, pasó el jueves, hasta que llegó el viernes a las diez y media de la mañana y sonó el timbre del castillo: ding dong.

¿Sí? ¿Quién es?

Oiga, que soy Sant Jordi, que vengo aquí a ver cómo rescato a la princesa, que tiene que decirme los datos.

Ah, sí, bueno, entre, entre.

Entonces Sant Jordi con su armadura brillante de plata cabalgando el mejor caballo blanco que jamás habían visto y con su escudo con la cruz roja de Sant Jordi, claro era Sant Jordi ¿no?, entró en el castillo.

A ver, venga, ¿qué pasó?

Sí, bueno, pues eh… vino este dragón verde y entonces asustó a todos y entonces llegó aquí y vio a la princesa y entonces la secuestró y bueno, eso, pues que, que necesitamos que la rescate.

Entonces el Sant Jordi: “Bien, bueno, ¿y saben ustedes dónde vive este dragón?”

Bueno, el dragón verde éste, mis espías“, dijo el rey, “mis espías me han dicho que está en el castillo junto al lago fosforoso, de fósforo, ese lago que huele tan mal.

Ay, bueno, esto, esto voy a tener que subir un poco el precio, ¿eh?, porque voy a tener que ir equipado con la nariz tapada para que, para no oler mal. Esto,  tendrá que darme por lo menos diez millones en oro más.

Pero, ¡cómo que diez millon..!

Oiga, usted quiere que rescate a la princesa, ¿o no?

Dice, “Bueno, vaaale, venga, aquí está la parte de su dinero, usted rescate a la princesa y yo, eh… le daré su parte.”

“Vale, muy bien. Pues así quedamos, ¿eh? Firme aquí en el contrato.

El rey firmó el contrato: “Aquí tiene su parte, le pongo el sello. Vale, ya está firmado el presupuesto.

Pues entonces, muy bien, venga, yo me voy a rescatar a la princesa.”

Así que se fue a buscar a la princesa, llegó al lago del fósforo, se tuvo que tapar la nariz para no oler, se puso una máscara antigás y todas estas cosas, y llegó al castillo: ding dong.

Y el dragón: “¿Sí?

Oiga, que soy Sant Jordi ¿sabe? Tengo que derrotarle para rescatar a la princesa.

Y el dragón dijo: “¡Ah! ¿Y cómo es que ha tardado una semana en venir? ¿Eh? ¿Ésta es la clase de hacer el trabajo de rescatador? ¿Eh, eh, eh?

Dice, “Oiga, que yo he tenido que rescatar a otras princesas en otras partes y no he tenido mi agenda vacía hasta hoy para poder venir a por ésta. A ver, venga, eh, tengo que, tenemos que luchar.”

No, no, no, no me da la gana. Yo no pienso resistirme. Noo, noo “, dice el dragón, “¡quiero que te lleves la princesa ya! Porque estoy harto de esta princesa, sólo quiere cosas bonitas, me pone siempre en la televisión los programas que yo no quiero, no quiere ni siquiera lavar lo platos… ¡estoy harto de esta princesa!

Pero...”

¡Llévesela, llévesela!

Que no, que no, no, no, no, no… aquí según el manual de Sant Jordi, que yo sigo al pie de la letra, tengo que luchar con usted el dragón, y entonces, cuando.. yo tengo que ganar, por supuesto.”

Que no, que no me da la gana luchar. Que ya te la puedes llevar, que no la quiero.

No, no, no, no, no… hay que hacer una lucha. Mire, según esto, eh, eh… el dragón, que eres tú, tienes que luchar conmigo, entonces yo te mato y tú te conviertes en una rosa.

Oye, mira, vamos a hacer un trato. A ver, Sant Jordi de pacotilla, mira: tú te llevas a la princesa, aquí tengo rosas plantadas, si quieres te doy una rosa y tú dices que has matado al dragón. Yo…

Entonces Sant jordi dijo: “Vale, vale. Con esto podré tapar mi reputación. Bien, dame la rosa, me llevo a la princesa…

Dice, “No, no, no, ¿podéis esperar un momento? Es que ahora mismo mi programa de televisión favorito… está a punto de saberse el misterio que yo quería saber.

Que no, que venga, que vamos tarde, que tengo que ir yo al castillo a cobrar mi dinero…

La princesa, “¡Que no! ¡Que no quiero ir al castillo!

¡Que sí!

Y el dragon: “¿ves lo que yo digo? Es una princesa desobediente, no hace caso a nadie. Estoy harto. ¡Llévatela ya de una vez! Venga, vamos.

Y el Sant Jordi estirando a la princesa, estirando a la princesa, estirando a la princesa y la princesa: “¡que nooooooooooo! ¡que quiero ver mi canal de televisión favorito!

Oye, mira, ¿sabes lo que vamos a hacer? Espérate un momento aquí, Sant Jordi“, dice el dragón, “Mira, me voy un momento aquí al lado que hay una tienda donde venden televisores portátiles pequeñitos, y que siga la pesada de la princesa viendo el canal mientras se va contigo en el caballo.

Y dice, “Ah...”, la princesa, “entonces quizás sí.

Aay, un momento…” el dragón se fue ahí a la tienda de al lado, le compró un aparato de televisión de siete pulgadas, lo puso, lo sintonizó en el canal donde daban el programa favorito de la princesa, se lo dio a la princesa, el Sant jordi la puso en el caballo, y venga, vamos para allá.

Y el dragón dijo: “¡Adiós princesa! No pienso ir a tu pueblo nunca más. No te preocupes. Ya, bien, venga, lárgate, fuera, fuera, fuera… Aayy, qué pesadilla de semana he tenido con esta princesa. No hacía más que molestar por todas partes. Esto, esto, ya no sirve de nada ser un dragón en esta época. Ya las princesas no son lo que eran. ¡Uy!

Y entonces fueron en caballo, la princesa, y llegaron al castillo. Y Sant Jordi dijo: “Señor rey y reina, aquí les traigo a su hija.

Y dijeron todos: “¡Bieeeen! ¡Bieeeen! ”

Y entonces, “¡Oh! Cuéntenos, cuéntenos qué ha pasado.”

Y el Sant jordi dijo: “Bueno, sí, miren, hemos luchado chas chas chas chas, ha sido una batalla muy terrible, el castillo del dragón, ah, se ha destruido en la batalla, y al final,  yo siendo más listo y más fuerte que el dragón le he clavado mi espada y de la sangre ha desaparecido el dragón y ha aparecido esta rosa. Y ahora aquí tiene a la princesa.

Entonces, “Oh, ¡qué bien!, entonces nosotros, además del dinero, le vamos a decir que se case con la princesa, claro, como premio.

El dinero, no, por favor, por favor, por favor. A mí denme el dinero… mire, yo tengo que rescatar tantas princesas cada semana que no podría estar casándome con todas. Ya esto es demasiado, no, yo, esto es un negocio y ya me encontraré otra chica por otra parte, o sea, que no na na na… Ustedes se quedan con la princesa y a mí me dan el oro que yo tengo que ir a invertirlo en Suiza y así tengo rédito para mi jubilación. Venga, quedamos así, ¿eh?

Dice, “Muy bien, vale, pues aquí tiene todo el oro.

¡Perfecto!

El Sant jordi hizo: “Chu chu“, y entonces aparecieron varios camiones con agentes de seguridad donde metieron el oro en los camiones, y el Sant Jordi se fue después de esta manera. Y de ahí viene la tradición de que en esa época… eh… bueno, sí, falta una cosa, entonces la princesa dijo: “Bueno, pues como estoy tan encantada de haber sido rescatada, te regalo mi televisión portátil.

Y el Sant Jordi dijo: “Vale, vale, venga, me regalas la televisión portátil, mira, tú quédate con la rosa, ¡hala! venga, para allá, para allá, con tus papás.

Vale, y entonces se fue el Sant Jordi con el dinero y la televisión portátil. Y de ahí viene la tradición de que en la época… en el día de Sant Jordi, los hombres regalan una rosa a las mujeres, y las mujeres les regalan un televisor portátil.

FIN

(Publicado originalmente el 23 de abril de 2011)